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CRÓNICA DE LA SORIA NEGRA

Guijosa: pelea mortal entre jóvenes en Nochevieja

El motivo de la reyerta, después de tomar unas copas, fue que uno acusó a otro de sisar el vino que se compraba a escote entre los mozos

P. Pérez Soler
03/08/2016

 

Podía haber sido cualquier día del año pero fue uno tan significativo como el de SanSilvestre, el último día de 1904. Una jornada luctuosa en la que los mozos del pueblo estuvieron reunidos en un local casi toda la tarde. Instalaciones que estaban destinadas a pasar los ratos de ocio cuando el tiempo no permitía a los vecinos ir a trabajar al campo o a rondar por las calles. Faltaría poco más de una hora para que el reloj bendijera la llegada del nuevo año cuando los presentes dejaron aquel local con la intención de marchar a sus respectivos domicilios.
La invitación de Pedro Cabrerizo para tomar una copa de aguardiente en sus domicilios hizo que algunos aceptaran la invitación y se encaminaran hacia la calle Real. Después de la copa, llegó la pelea y con ella una herida mortal para uno de ellos. Los protagonistas de la riña fueron Norberto Esteban Cabrerizo y Pedro la Mata Cabrerizo, quien acusó al primero de robar parte del vino que pagaban a escote. El resultado fue que Norberto resultó con un pinchazo en el muslo derecho y Pedro con una puñalada en el bajo vientre, tal y como narra el escritor José Vicente Frías Balsa en su libro ‘Crímenes y asesinatos en Soria’.
La herida de Pedro era mortal de necesidad y el joven falleció sobre las diez de la noche del día siguiente, el primero de 1905 que Guijosa estrenó de forma tan dramática. Los dos contendientes fueron atendidos por el médico de Fuentearmegil, Felipe Sanz Camarero, por la circunstancia de que residía en Guijosa. Al acusado le atendió de una herida en un muslo que tardó 25 días en curarse pero de ninguna en la mano, al no quejarse de nada al respecto. El médico asistió también a Pedro con la ayuda de su padre y de Donato Cabrerizo.
Vecino de Guijosa, de 27 años, Norberto Esteban Cabrerizo fue acusado de homicidio. De profesión labrador, soltero y sin antecedentes penales, fue defendido por Mariano Granados Campos, que tenía enfrente al fiscal Felipe Gallo Díez.
En su exposición de los hechos, el procesado aseguró que después de tomar la copa Pedro le había agredido dándole una puñalada en el pecho cuya dirección varió con la mano, donde recibió un corte y un pinchazo en el muslo.
Dijo también que el resto de participantes del grupo le sujetó pero que el oponente fue de nuevo contra él con el arma, que de nuevo consiguió parar, aunque en esta ocasión se defendió y le dio una cuchillada. Según el relato de los hechos que ofreció el procesado, el grupo se marchó para volver poco después y ver que el padre de Pedro se llevaba a éste a su casa.
La prueba forense ofreció la radiografía de una herida en el bajo vientre, con salida de intestinos, «pero sin interesar ninguno de éstos y sí el peritoneo», relata la citada publicación sobre el examen que fue realizado por dos médicos, el de Fuentearmegil y el de Guijosa, Isaac Ortega.
Por el estrado desfiló la confusión y hasta la anécdota. La nota curiosa vino por lo ocurrido al médico de Fuentearmegil cuando se dirigía a la capital soriana para testificar como perito en este juicio ya que tuvo la poca fortuna de sufrir un síncope cerca de Hontoria del Pinar. Felipe Sanz quedó tendido en el camino hasta que vecinos de este pueblo salieron a buscarle.
Por lo que respecta a la confusión, los testigos que desfilaron por el estrado incurrieron en frecuentes contradicciones, tras las cuales decían que lo verdadero era lo dicho en esos momentos.
También se presentó como prueba la declaración del fallecido que dijo haber sido herido por Norberto y que él no llevaba arma aquella noche por lo que no pudo herir a su atacante.
En la recta final del juicio, el fiscal modificó sus conclusiones en torno a cómo habían sucedido los hechos, aunque mantuvo la acusación de homicidio, a la que sumó las atenuantes de arrebato y obcecación.
Aludió a las reiteradas contradicciones entre los testigos y rebatió la eximente de legítima defensa alegada por Mariano Granados, con sentencias del Tribunal Supremo, haciendo ver que se trataba de una reyerta «que suponía aceptación del reto». Al término de su alegato, Felipe Gallo puso encima de la mesa que la opinión pública tenía mala fama del Juzgado de El Burgo y que había que hacer Justicia para cambiarla. Su alegato no tuvo mucha influencia en el resultado final.
Después de recordar al jurado su juramento de obrar sin odio ni afecto, el abogado defensor expuso las razones que le llevaban a creer a su defendido que obró para evitar el riesgo que corría. Mariano Granados dijo que Norberto fue el causante de la muerte pero no el responsable de ella. Palabras que convencieron más al Jurado a tenor de las votaciones.
El presidente de la Audiencia, Julio Salcedo de Blas, resumió la sesión y dejó clara la diferencia entre atenuante y eximente. El jurado emitió un veredicto de inculpabilidad y el Tribunal dictó sentencia absolutoria que dejó libre a Norberto Esteban Cabrerizo, autor de la muerte de Pedro la Mata Cabrerizo.

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