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SOBRE VIVIR

Gloria a ti

 

SE CUMPLEN cien años del nacimiento de la poeta –y nunca poetisa– Gloria Fuertes. Su vida parece sacada de las páginas de una fábula infantil. Tal nos la cuenta ella misma en sus versos: «Gloria Fuertes nació en Madrid / a los dos días de edad, / pues fue muy laborioso el parto de mi madre / que si se descuida muere por vivirme». Era hija de un portero y una costurera de la calle Espada del barrio madrileño de Lavapiés. Pese a todo, su infancia fue feliz. De vocación alegre, se definía. «Porque un poeta triste es un triste poeta». Poseía el poderoso don de la imaginación. Las monjas la expulsaron por decir que los niños no venían de París, sino de parir. «A los tres años ya sabía leer / y a los seis ya sabía mis labores».

Empezó a escribir poemas cuando comprendió que se podía querer a una persona que no era de su familia. A los quince años murió su madre. Trabajó de criada, de taquígrafa, de contable en una fábrica de armas y hasta de cuentahuevos. Se despidió cansada de pagar los huevos rotos. Más tarde fue bibliotecaria: siempre es mejor un libro que un jefe.

En la posguerra, de hambre y tuberculosis, fue contratada como redactora de tebeos. Ya en plena dictadura se cortó el pelo a lo chico e iba en bicicleta, con pantalones, boina y corbata. «Vivo sola. Cabra sola / –que no quise cabrito en compañía–». Ser libre, dejó claro, era la única etiqueta que aceptaba. Con una "Beca Fulbriht", en 1961, fue a la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos) a enseñar los poetas españoles. Y en 1972 logró otra beca de la Fundación Juan March de Literatura Infantil. Se hizo muy popular al salir en programas de televisión para niños. «Cuando me vaya... / no quiero ser estatua, / ni cuadro ni vitrina, / sólo si acaso de saco una cortina / que te entorne la luz para que duermas. / Quisiera convertirme en tu linterna / y serte útil cuando no ves claro». Murió en Madrid, en 1998.

Sobre su tumba este epitafio: «Ya creo que lo he dicho todo. Y que ya todo lo amé». Pese a tenerse por autodidacta» y «poéticamente desescolarizada», la crítica la une a la generación del 50 (con Celaya, Blas de Otero y José Hierro) y al postismo. Gloria Fuertes es una voz única y cercana. El humor y la ironía con la que trata cuestiones tan universales como el amor, el dolor, la muerte o la soledad hacen que sea una poeta auténtica en su necesidad de amar y ser amada.

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