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LA ERA ALTA DESDE MIAMI

Contracorriente

Andrés Calavia Andrés Calavia
14/07/2017

 

ME VAN a permitir que en mi columna de esta semana vaya un poquito a contracorriente, aunque pueda parecer un poco atrevido. Les quiero hablar de algunas de esas cosas que nos quieren vender de una manera pero que, en el fondo, todos sabemos que no son así.

Empiezo por esa extendida costumbre de ver con naturalidad que los jóvenes tengan contacto con el alcohol en las fiestas populares que se celebran en toda la provincia, empezando por las de San Juan dela capital. He llegado a ver cómo algún adulto ofrecía la bota a chavales «para que se vayan acostumbrando”. Las escenas de convivencia con el alcohol en las fiestas son algo que se asume con excesiva facilidad, en mi modesta opinión.


Tampoco hay que actuar con la hipocresía de la que se hace uso en otras sociedades con respecto a este tema, pero en ningún caso debemos normalizar algo que es intrínsecamente malo. Otro asunto que me produce cierta perplejidad es aquello de que los perros puedan pasear por las calles y pararse para hacer sus necesidades donde les apetezca, con absoluta normalidad.

Parece ser que si el propietario que les acompaña recoge las cacas, en el mejor de los casos, todo está bien, como si fuera correcto que queden pequeños restos sólidos o las micciones de los canes sobre las aceras, en las farolas o sobre la hierba. Una más de esas barbaridades que solemos ver con normalidad es, por ejemplo, cuando un ayuntamiento se gasta el dinero de todos en organizar actividades que suponen, en esencia, poner en grave peligro la vida de sus ciudadanos.


Ese ayuntamiento debe, además, gastar ingentes cantidades de dinero público en procurar la cobertura sanitaria necesaria por si ocurre aquello que el mismo ha propiciado al organizar la actividad, a la vez que debe cubrirse las espaldas con seguros ya que los ciudadanos les pueden pedir responsabilidades por males sufridos al participar voluntariamente en esas actividades peligrosas organizadas por ellos mismos con el dinero de todos.

No me he liado con las palabras, no, es que es una auténtica locura si lo analizamos fríamente. Me refiero a los encierros de reses bravas. Ya sé, ya sé que muchos me dirán que son tradiciones muy asentadas. También lo era hace no demasiado tiempo que los maestros fumasen durante las clases. Yo llegué a verlo en mi pueblo. Piensen cómo se ve eso ahora.

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