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EL CUÉVANO

Bolardos en Soria

 

EN BARCELONA, tras los criminales atentados de hace unos días, fue mucha la gente que salió a la calle gritando No tengo miedo, slogan creado ad hoc por el márketing postraumático tras situaciones como la de la Ciudad Condal y Cambrils.

Frases que la gente corea sin plantearse mucho qué es lo que está gritando. Afortunadamente fueron apareciendo voces más sensatas que decían sentir miedo. El miedo nos hace humanos. No se trata de vivir en una zozobra permanente, pero sí de ser conscientes de que hay un peligro real y que éste puede aparecer en cualquier lugar y en cualquier momento. Me uno a este último coro de quienes sí que tienen miedo.

Por eso me alegro de que el Ayuntamiento de Soria, siguiendo los consejos de la Junta Local de Seguridad y sin haber puesto objeción alguna, haya decidido poner bolardos en aquellos lugares que por reunir especialmente grupos numerosos de gente son más susceptibles de ser atacados en un atentado terrorista.

La alcaldesa de Barcelona no tuvo más remedio que ceder ante su primera intención de no colocarlos y sus primeras y pacatas declaraciones diciendo que quería una ciudad en libertad. Por más vueltas que le he dado, no termino de ver en qué forma puede un bolardo coartar mi libertad.

Por la misma regla de tres, podría la primera edil barcelonesa quitar los pretiles de los puentes, o las señales de stop, por poner un par de ejemplos. Frente a otras medidas de seguridad que, efectivamente, sí que limitan, en mayor o menor medida, nuestras libertades, los bolardos no lo hacen en absoluto. Por eso, oponerse a ellos es, además de un absurdo, una insensatez.

Es cierto que vivimos en una ciudad pequeña en la que presumimos, y razones no nos faltan para ello, de gozar de un alto grado de tranquilidad y seguridad; pero esto no ha de hacernos bajar la guardia porque precisamente el exceso de confianza puede convertirnos en objetivo perfecto y, por tanto, prioritario. Vivimos bajo una incierta amenaza que no ha de impedirnos desarrollar una vida normal pero todas las medidas de prevención que se tomen, bienvenidas sean.

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