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TENSIÓN EN ASIA

Corea del Norte se queda sin su amigo chino

Pekín le da poca importancia al tratado que la obliga al auxilio militar en caso de ataque y la prensa oficial asegura que China se mantendrá neutral si Pionyang empieza el conflicto

ADRIÁN FONCILLAS
11/08/2017

 

Un conflicto mediría la salud del eje China-Corea del Norte. Durante décadas en Pekín se hablaba del “vínculo de sangre” nacido en la Guerra de Corea (1950-1953). China envió un millón de soldados para que Kim Il-sung conservara el control en la mitad septentrional de la península. La guerra le costó 180.000 a muertos a China (un hijo de Mao entre ellos) y los tradicionalistas defienden que dar la espalda a Pionyang equivaldría a pisotear la memoria de los caídos. Fue Mao el que definiera las relaciones con Corea del Norte de “tan cercanas como las de los dientes a los labios”.

Esa afinidad estimuló el Tratado de Amistad, cooperación y asistencia mutua, firmado en 1961 y aún en vigor. El acuerdo obliga a ambas partes al auxilio militar “con todos los medios disponibles” en caso de que una sea atacada por un tercero. ¿Empujaría aquel vínculo germinal y el tratado vigente a China a salvarle la cara de nuevo a Corea del Norte frente a Estados Unidos? No es probable.

El tratado siempre fue interpretado por China más como un aviso a Washington y Seúl de los peligros de pretender unificar la península que como un compromiso de colaboración. Ambos acordaron la ratificación cada 20 años y, aunque la siguiente llega en cuatro, en China le dan la consistencia del papel mojado. Una cláusula contempla que los dos países se comprometerán a no amenazar la paz mundial así que a Pekín no le costaría demasiado romperlo.

Tong Zhiwei, profesor de la Universidad Oriental de Derecho y Ciencia Política, pedía recientemente en el diario 'Financial Times' su derogación porque había servido para que Corea del Norte pudiera desarrollar su programa nuclear y otras fechorías sin miedo al castigo internacional.

“China ha tratado de distanciarse de las obligaciones del acuerdo. Estará muy poco interesada en luchar por Corea del Norte si cree que ha sido esta la que ha iniciado el conflicto militar. El tratado es válido en teoría pero Pekín se esfuerza en disminuir su importancia”, señala Tong Zhao, experto en seguridad del Centro Carnegie-Tsinghua.

Sola en la guerra

La confirmación ha llegado este viernes en la prensa oficial. Un editorial del diario 'Global Times' ha afirmado que Pionyang estará sola si desata la guerra. “China debe de aclarar que si Corea del Norte lanza misiles que amenazan suelo estadounidense y Estados Unidos contraataca, China permanecerá neutral”. En cambio, “si Washington o Seúl intentan derrocar el régimen de Pionyang o cambiar el statu quo de la península, China lo impedirá”. Es un aviso de que Pekín estará frente al que empiece una guerra nuclear en su patio trasero.

La memoria de aquella lejana guerra ha quedado enterrada bajo los numerosos desplantes norcoreanos. Pionyang ha ignorado durante años las súplicas chinas para que regresara a la mesa de negociaciones y detuviera su programa nuclear. Corea del Norte ya desatendió años atrás la cortesía de avisar horas antes a Pekín de los lanzamientos de misiles y en los últimos tiempos los programa con la indisimulada intención de arruinar cualquier acto internacional que organice China. Es sabido el odio que siente el presidente chino, Xi Jinping, hacia Kim Jong-un. En su lustro de Gobierno ha hablado con decenas de líderes y aún no ha dado audiencia al norcoreano.  Su padre, Kim Jong-il, estuvo siete veces en Pekín a pesar de su aversión a viajar. 

Cambiar de rumbo

Basta una lectura a la prensa nacional de ambos países para captar la hostilidad. La china ha alertado a Pionyang que se dirige sin remedio hacia la destrucción si no cambia de rumbo. La norcoreana ha repetido que “no mendigará” el apoyo chino y criticó a Pekín por definirse como “un vecino amistoso” pero “bailar al son de Estados Unidos” después de la aprobación por unanimidad de nuevos castigos económicos en la ONU. Incluso ha recordado que China también está a tiro de sus misiles.

Esas notorias y múltiples diferencias no impiden el acto reflejo de exigir explicaciones a China después de cada desafío norcoreano. Tampoco importa que los expertos lleven años repitiendo que la influencia de Pekín sobre Pionyang es nula. El complejísimo problema norcoreano es para la opinión pública y dirigentes como Trump un asunto que China podría resolver mañana si quisiera. Aquella metáfora maoísta bucal sigue grabada a sangre y fuego en la psique global.

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